Archivos
Cine para la colmena
Recientemente di con ésta escena que me impresionó justamente
por las razones por las que uno normalmente no se impresionaría:
Un hombre visiblemente preocupado trabaja en su despacho; una
luz tenue apenas si ilumina el espacio, y él escribe el número
de las estaciones de radio en un cuaderno para luego tacharlos
al oír el sonido de la estática. Ninguna parece funcionar. Se
apresura hacia la ventana cuando escucha llegar un coche. En
la completa oscuridad vislumbra a una mujer bajar y al acercarse
a la cerca del local de depósitos, llevarse un plato y dejar
otro con comida. Cuando se va ella, él baja, encuentra comida
en el plato que vuelca usando un palo para no tocarla. Se ha
quedado sin comida de todas formas y no encuentra otra opción
que abrir los almacenes alquilados para buscar algo de comer;
encuentra una bolsa de mermelada, un sobre de azúcar, una crema
para café y tres latas de comida para perro, devora las primeras
tres cosas y abre una de las latas sin animarse a dar el primer
bocado. Bien, para esto ya llevamos 8 minutos de secuencia EN
COMPLETO SILENCIO, cuando, sin esperarlo, un teléfono suena, el
hombre contesta e insulta pidiendo que lo dejen en paz; llaman
una segunda vez -¡Qué me dejen en paz, hijueputas”-; a la tercera la voz
al otro lado lo insulta a él en un español tropezado. Confundido
va por el cuaderno de antes y escribe el nombre y el número de
su interlocutora. La serie Pluribus trata, a muy grandes rasgos,
sobre un virus de origen alienígena que hunde a la humanidad y
en la total felicidad, en la eficiencia, además en la completa
paz que supone vivir en una mega red que conecta a cada mente
individual en una colmena humana. En ese contexto sus protagonistas
son dos de los humanos inmunes que buscan a toda costa regresar a
la antigua normalidad.
Ahora bien, ¿Qué era lo que me impresionó de aquella secuencia? Pues que
en su totalidad fueron diez minutos sin apenas cortes que sugirieran saltos
de tiempo. ¿Y qué, si ya hay cantidades enormes de cine con escenas y secuencias largas? Y en sí eso es verdad, y más que la secuencia por sí sola la
cuestión importante es que ya había antecedentes dentro de la misma serie
y era la primera vez que me daba cuenta, evidentemente no con la misma
densidad de tiempo. De ahí en adelante la serie sólo es aún más firme en su
determinación de jugar con el tedio. No es tediosa, de ahí su valor real, el
tedio se convierte en comedia, en ansiedad, incluso en algo de carácter siniestro; los personajes entorpecen, se enredan, la colmena se repite en sus
acciones en su eterna fluctuación psicológica. Se crea una nueva cotidianeidad que hay que explorar para volver a caer en el tedio y luego explorar de
nuevo. Hace poco -y para terminar con este tema en pocas palabras- Matt
Damon (actor) habló acerca de una cláusula de Netflix que pedía, explícitamente, la reiteración prolongada de la trama a través de los diálogos, una
especie de radionovela construida a través de diálogos verborreicos e imposibles. La cuestión es simple; el cine como lugar y evento fue desplazado
por el streaming, a su vez el streaming se encuentra con el desafío de competir la atención de usuarios contra redes sociales, videos cortos, contenido
rápido en un juego de consumismo violento a la que nos han hecho adictos;
picos de dopamina y la sensación de búsqueda por algo que está siempre
a la mano y que por lo tanto queremos cada vez más rápido y masticado.
Esclavizados nos convierten en colmena que trabaja por intereses del mercado y a cambio recibimos…¿La “decisión” de no aburrirnos?... ¿Felicidad, acaso?
Ahora bien, ¿Qué era lo que me impresionó de aquella secuencia? Pues que
en su totalidad fueron diez minutos sin apenas cortes que sugirieran saltos
de tiempo. ¿Y qué, si ya hay cantidades enormes de cine con escenas y secuencias largas? Y en sí eso es verdad, y más que la secuencia por sí sola la
cuestión importante es que ya había antecedentes dentro de la misma serie
y era la primera vez que me daba cuenta, evidentemente no con la misma
densidad de tiempo. De ahí en adelante la serie sólo es aún más firme en su
determinación de jugar con el tedio. No es tediosa, de ahí su valor real, el
tedio se convierte en comedia, en ansiedad, incluso en algo de carácter siniestro; los personajes entorpecen, se enredan, la colmena se repite en sus
acciones en su eterna fluctuación psicológica. Se crea una nueva cotidianeidad que hay que explorar para volver a caer en el tedio y luego explorar de
nuevo. Hace poco -y para terminar con este tema en pocas palabras- Matt
Damon (actor) habló acerca de una cláusula de Netflix que pedía, explícitamente, la reiteración prolongada de la trama a través de los diálogos, una
especie de radionovela construida a través de diálogos verborreicos e imposibles. La cuestión es simple; el cine como lugar y evento fue desplazado
por el streaming, a su vez el streaming se encuentra con el desafío de competir la atención de usuarios contra redes sociales, videos cortos, contenido
rápido en un juego de consumismo violento a la que nos han hecho adictos;
picos de dopamina y la sensación de búsqueda por algo que está siempre
a la mano y que por lo tanto queremos cada vez más rápido y masticado.
Esclavizados nos convierten en colmena que trabaja por intereses del mercado y a cambio recibimos…¿La “decisión” de no aburrirnos?... ¿Felicidad, acaso?